domingo, 2 de octubre de 2011

El mouse bibliotecario

El mouse bibliotecario
Sergio Núñez Guzmán
Estás en tu biblioteca, el refugio que ahuyenta la tristeza de tu soledad. ¿Dónde están tus ratoncitos? ¿Dónde están tus amistades? No están. Los libros son la familia que no te abandona, son tus amigos, son tu compañía. Retirarse de la computadora y caminar entre los libros, tomar alguno y empezar a leerlo: ¡qué sorpresa!, ¿por qué está abandonado?, ¿de qué te habla?, y. . . aparece la reflexión y la escritura que la compu guarda celosa sin los horrores de faltas ortográficas pero con muchos pecados sintácticos. Los archivos gritan: déjanos salir y el silencio del ratoncito guarda las llaves de las celdas, pero si permanecemos enclaustrados, no seremos conocidos. Busca para que encuentres. ¿Qué?, ¿Qué? Aquí nada, allá ¿quién sabe? Álere flammam. Sí, sí, alimenta la flama, pero. . . ¿cuál llama?, la de tu esperanza. No quemes junto con el mouse, tus libros, tus sueños. Álere flammam.
         Eres solamente sentimiento, ¿por qué no reaccionas con inteligencia?, pues estás donde quiere el mouse: aquí, en la biblioteca de libros escaneados por el fuego enemigo, no te preguntes para qué, produce, escribe tus reflexiones acerca de los libros que son vitales para ti, y el porvenir tendrá las respuestas para esos qués. El destino que te  toca vivir es este: post, post, post, sí, después de este presente que ya pasó con velocidad no de maquinita de teclazos sino de laptop, esa que no puedes aprender a manipular por falta de ratón,  pero logro introducir mis pensamientos y mi voluntad en ella. ¿Qué estás diciendo? ¿Te peleas con la lap, lap. . .? No eres post, eres anti. No estoy, soy el ahora aunque no sé, si soy de aquí. No juegues. ¿Por qué no? Sólo juegas con las palabras del roedor. No, lleno la página. Palabras huecas. ¿Vacías? No, pues adquieren multitud de sentidos en la sintaxis de la vida. ¿Qué dices? Las relaciones con los otros miembros de la comunidad son los constituyentes que determinan nuestro ser y nuestro estar, siempre y cuando seamos capaces de establecer la interlocución con el otro. ¿Cómo? Con las palabras que no quieres escuchar. ¿Quién no oye? El otro o tú.

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